Uno de los paisajes más singulares de El Rompido se aprecia mirando al río desde la plaza de las Sirenas. Sobre las aguas se mecen varias decenas de pequeñas embarcaciones y, tras ellas, se alzan varios edificios que luchan por mantener su imponente presencia entre las cada vez más abundantes retamas. Se trata del Real de Almadraba de Nueva Umbría, un pequeño poblado ubicado en la Flecha y actualmente en desuso, construido para explotar la almadraba que estaba calada frente a costa.

Real de Almadraba de Nueva Umbría, visto desde la torre de la Casa del Capitán.

Hablar del Real de Almadraba implica normalmente hablar del Real Nuevo, que es el que se ve desde la plaza. Sin embargo, unos cientos de metros hacia el oeste y mucho más difícil de apreciar se ubicaba el Real Viejo, del que apenas queda un edificio en pie. Al igual que sucede con los dos faros de El Rompido, el Real Viejo fue construido en el S. XIX y el Real Nuevo en el S. XX.

De 1929 une 1963, fueron capturados en esta almadraba unos 250.000 atunes.

En Real Nuevo llegaron a vivir unas mil personas durante poco más de tres décadas, aunque solo desde febrero hasta septiembre, que era la temporada del atún. Solo hubo un alto en el verano de 1936 cuando, debido al estallido de la guerra civil española, el capitán envió a los almadraberos a su casa durante unos días debido a los enfrentamientos entre barcos, aviones y un submarino frente a la costa que impedían faenar bien. Pese a ello, de 1929 une 1963 fueron capturados en esta almadraba unos 250.000 atunes y 20.000 atunarros, además de pargos, caballas, bonitos, corvinas, peces espada, peces luna, etc. Los barcos atracaban en el muelle situado en la orilla del río, protegido del embate de las olas del océano. Aún hoy es posible ver el muelle durante la marea baja, ya que el agua lo ha ido erosionando.

Levantando la vista desde el muelle se ven, de izquierda a derecha, los barracones, la chimenea, la caseta del gasoil y la casa del capitán. En los barracones, divididos en pequeñas casas de una habitación, vivían los almadraberos con sus familias. Allí disponían de un fogón para cocinar y unos colchones sobre el suelo para dormir, aunque en verano era común dormir fuera de los bloques debido al calor. La chimenea, hoy coronada por un nido de cigüeña, servía para calentar la brea con la que se protegían las redes. Finalmente, separada del resto de edificios por una explanada, se encuentra la casa del capitán, reconocible por su torre cuadrangular. Entre la casa del capitán y la orilla había una terraza, hoy bajo unas adelfas, en las que el capitán pasaba las tardes con su familia e invitados.

La caseta del gasoil y la casa del capitán con su torreón al fondo.

Desde la Torre Mirador de la casa del capitán era posible ver las embarcaciones que faenaban en la almadraba, desde las cuales los marineros, mediante un sistema de banderas, informaba sobre las capturas del día. Si la levantada era buena, de más de quinientos atunes, se izaba la bandera de España en el mirador y todos lo comentaban en el pueblo al grito de¡bandera!, ¡bandera!“.

Torre de la casa de capitán, vista de cerca.

La pesca del atún con almadraba es una técnica consistente en un laberinto de redes ubicado en el lugar de paso de los atunes y cuenta con siglos de presencia en la Costa de Huelva. La Casa de Medina Sidonia tuvo el monopolio de explotación de las almadrabas de Huelva hasta principios del S. XIX, cuando la gestión pasó a ser empresarial y comenzaron a proliferar pequeñas almadrabas por toda la costa. en 1928 se constituyó el Consorcio Nacional Almadrabero (CNA) bajo la dictadura de Primo de Rivera, con el objetivo de concentrar y transformar el sector. Es en ese momento cuando se construye el Real Nuevo y comienzan a trabajar en él marinos de Cartaya, Lepe, Isla Cristina y Punta Del Moral. Elllamadoraporreaba cada mañana las puertas de las casas antes del alba para despertar a los marineros y que acudiesen a faenar. La salida de los barcos a la mar, al igual que hoy, dependía de que la marea lo permitiese.

La maleza de retama se ha apoderado de la explanada del Real.

La vida de las mujeres era igualmente agitada: además de atender la casa y cuidar a los niños, realizaban la compra en la Cantina, situada a medio camino entre el Real Nuevo y el Real Viejo, y algunas iban incluso a Cartaya y Lepe a vender pescado fresco de la captura o trabajaban en las fincas que había en la otra orilla. El río se podía cruzar gracias a un barquero, que realizaba este servicio por una gorda el trayecto (una gorda era la moneda de diez céntimos de peseta). Los niños se dedicaban a jugar y a bañarse en el mar a mediodía, aunque cuando llegaban a la pubertad ayudaban los niños con la pesca y las niñas con los quehaceres de la casa.

Actualmente está declarado como Bien de Interés Cultural y existen diversos colectivos que promueven su restauración.

No todos los almadraberos estaban acompañados de sus familias, ya que algunos estaban solteros o venían solos desde lejos. Todos ellos dormían en lacasa de los solteros”, que tiene literas de mampostería en las paredes que aún hoy en día recuerdan a nichos.

Interior del almacén.

El Real de Almadraba de Nueva Umbría sigue dominando el paisaje de la Flecha, también desde el aire, como un testigo fiel de la tradición marinera de la costa onubense. Actualmente está declarado como Bien de Interés Cultural y existen diversos colectivos que promueven su restauración y puesta en valor mediante un museo interpretativo. Mientras tanto, estos edificios resisten silenciosos el paso del tiempo, a la espera de enseñar a las futuras generaciones los secretos de un oficio milenario que nos trae a la mesa el atún, siempre presente en la gastronomía local.

source: RUIZ ACEVEDO, Juan Manuel; LÓPEZ GONZÁLEZ, José Antonio; FERNÁNDEZ FERRERA, José. 2012. “Capitanes de Almadraba. Thunnus ediciones